No, no me he ido.
Estoy.
Un torbellino de imágenes.
De gentes, de lugares, de estados físicos, emocionales, literales.
Dos cordeles en cada muñeca.
Uno quien soy ahora y otro quien fui, o sigo siendo.
No se si ahora sigo estando aquí, en esta cama, en esta casa.
Yo,ahora, abandonada por mis anfitriones.
Siempre he tenido a quien recurrir en casos de lapsus memoriales o estacionales.
Ahora no hay nadie, si no cuento mi yo físico y mi yo voz en off.
Ese sueño...¿Era sueño como tal y sonámbula actué en la forma externa de mi ser?
¿Era la realidad y me negué la misma ,una vez más, y me até en un fingido sueño los cordeles?
¿Justifico así mis acciones?
Siempre me he escondido en las excusas, en las falsas pérdidas de datos, en los despistes horarios y diarios de la responsabilidad del acto.
La mujer que marchaba en la mula, pues, no era mi madre si no mi parte adulta dejando atrás a mi parte niña, mi Wendy.
Esa Wendy que solo quiere ir tras los pasos de la sombra del Peter que nunca tendrá cuenta bancaria, deudas, obras en la casa, comida que hacer,gente por la que responder.
La primera yo, ¿Respondo ante mi?
Respondo a estas preguntas o las dejo anotadas en servilletas de bar trasnochado,guardadas en bolsos rotos abandonados en el armario.
Es hora de tomar en serio todo esto.
Miro una vez más la nota y leo a continuación
¿Recuerdas Utah?
Recuerdo una escapada en invierno al Sundance pero, ¿De que escapaba?
La puerta se abre.
Hora de partir.
jueves, 27 de agosto de 2009
miércoles, 12 de agosto de 2009
Wendy.
Dormida en la cocina.
Soñé entonces qué subía las escaleras y me tumbaba en la cama mientras caía la nota de mi mano.
No tengo conciencia del tiempo pasado,pero tengo una extraña sensación de que llevo mucho sola, en la casa al menos desde que les oí marchar.
Y de repente me viene a la cabeza... ¿Cuanto tiempo llevo sola en la vida?
Estoy mareada, meto la cabeza en el fregadero y le doy al agua fría, mi cuerpo se despierta, mis músculos claman el cambio súbito e inesperado, a traición dicen.
Me dejo un rato en esta situación mientras pienso en encontrar la nota.
Me repito, me repito, me repito mucho...mis pensamientos dejan de ser únicos y libres para convertirse en una mala copia de lo que fueron una vez.
Si hubiera leído más, ya no a los clásicos si no el periódico o las instrucciones de la Termomix, ahora podría usar comparaciones, eufemismos, nuevas palabras.
Mi cabeza se conecta al tronco por medio del... nada,ni eso.
Dónde se fue mi creatividad, mi imaginación, mis bromas. Quizás ,y solo pienso quizás, el vodka fuera el motivo de la verborrea inteligente o simplemente de la verborrea,del uso de metáforas y símiles.
En algún punto del camino entre la playa donde creí haber perdido la cabeza y este momento fregadero ha pasado algo, o ha sucedido todo y no me he enterado.
Mi abuela Eka, ekaterina para quien nunca hubiera cruzado el umbral de su casa, me lo decía y repetía hasta el aburrimiento, yo, rebelde no la hacía caso.
Siempre, con las manos en alto y un paño a la cabeza, clamaba a mis tímpanos :
" Natasha la rebeldía es el paso anterior a la revolución. Tienes que hacer la revolución,dar ese paso y no quedarte atrás en la adolescencia".
Me hablaba de "Peter Pan", el libro no el síndrome, y de como Wendy ve con temor la madurez como la pérdida de la alegría y la diversión en la forma de su madre, en segundas de su padre, y de como Peter Pan creía que seguir siendo niño era genial.Wendy acababa descubriendo el precio alto pagar.
No tomar nunca responsabilidades de los actos y como eso puede llevar al aislamiento y la autodestrucción existencial. Todo es parte de un ciclo evolutivo. Desde que nacemos está escrita nuestra muerte. Lo que hagamos entre estos dos momentos únicos, es solo decisión nuestra.
Creo que me veía como una Wendy muy seducida por su Peter Pan y sin rasgos de querer seguir riendo con arrugas al lado de alguien que bebiera ( esto si que suena a broma ) los vientos por mi.
Las mujeres rusas siempre hemos sido criadas para hacer mil cosas, somos más útiles que los hombres. No es un alegato feminista, es una realidad.
Chorreo todas las escaleras de subida, esta vez si que las subo, me acabo de pellizcar dos veces en un glúteo y por si este andara dormido me he abofeteado varias veces hasta que me he dicho "Basta" y mi mano, la del lazo rojo, ha parado.
Me tumbo en la cama, me doy de cabezazos contra la pared para comprobar que estoy despierta, y saco la nota del espacio del suelo, donde el cromo de Dirk Benedict.
Dirk habría sido un buen partido, de habernos conocido.Aunque quien sabe...quizás lo haya conocido en alguna fiesta y le haya ignorado.
Respiro fuerte 3 veces y abro la nota que me dio el niño en África, el que no fue atrapado por los grimosos tentáculos de Madonna.
Me tiembla el pulso, el corazón se me ha quedado en la garganta y temo sufrir de asfixia de un momento a otro.
Mi abuela se me aparece en forma de tarro de conservas y me dice " De los cobardes nunca se supo nada, por qué los valientes no estaban allí para contarlo ".
Solo con los consejos de mi abuela podría sacarme una carrera...pero ese es otro tema que meditaré en soledad en otro momento. Ahora toca desplegar la nota...
" ¿Quién es la niña? "
Movimiento robótico involuntario de mis ojos que se posan en la muñeca contraria a la del cordel rojo y...
un cordel blanco con triple lazada.
Soñé entonces qué subía las escaleras y me tumbaba en la cama mientras caía la nota de mi mano.
No tengo conciencia del tiempo pasado,pero tengo una extraña sensación de que llevo mucho sola, en la casa al menos desde que les oí marchar.
Y de repente me viene a la cabeza... ¿Cuanto tiempo llevo sola en la vida?
Estoy mareada, meto la cabeza en el fregadero y le doy al agua fría, mi cuerpo se despierta, mis músculos claman el cambio súbito e inesperado, a traición dicen.
Me dejo un rato en esta situación mientras pienso en encontrar la nota.
Me repito, me repito, me repito mucho...mis pensamientos dejan de ser únicos y libres para convertirse en una mala copia de lo que fueron una vez.
Si hubiera leído más, ya no a los clásicos si no el periódico o las instrucciones de la Termomix, ahora podría usar comparaciones, eufemismos, nuevas palabras.
Mi cabeza se conecta al tronco por medio del... nada,ni eso.
Dónde se fue mi creatividad, mi imaginación, mis bromas. Quizás ,y solo pienso quizás, el vodka fuera el motivo de la verborrea inteligente o simplemente de la verborrea,del uso de metáforas y símiles.
En algún punto del camino entre la playa donde creí haber perdido la cabeza y este momento fregadero ha pasado algo, o ha sucedido todo y no me he enterado.
Mi abuela Eka, ekaterina para quien nunca hubiera cruzado el umbral de su casa, me lo decía y repetía hasta el aburrimiento, yo, rebelde no la hacía caso.
Siempre, con las manos en alto y un paño a la cabeza, clamaba a mis tímpanos :
" Natasha la rebeldía es el paso anterior a la revolución. Tienes que hacer la revolución,dar ese paso y no quedarte atrás en la adolescencia".
Me hablaba de "Peter Pan", el libro no el síndrome, y de como Wendy ve con temor la madurez como la pérdida de la alegría y la diversión en la forma de su madre, en segundas de su padre, y de como Peter Pan creía que seguir siendo niño era genial.Wendy acababa descubriendo el precio alto pagar.
No tomar nunca responsabilidades de los actos y como eso puede llevar al aislamiento y la autodestrucción existencial. Todo es parte de un ciclo evolutivo. Desde que nacemos está escrita nuestra muerte. Lo que hagamos entre estos dos momentos únicos, es solo decisión nuestra.
Creo que me veía como una Wendy muy seducida por su Peter Pan y sin rasgos de querer seguir riendo con arrugas al lado de alguien que bebiera ( esto si que suena a broma ) los vientos por mi.
Las mujeres rusas siempre hemos sido criadas para hacer mil cosas, somos más útiles que los hombres. No es un alegato feminista, es una realidad.
Chorreo todas las escaleras de subida, esta vez si que las subo, me acabo de pellizcar dos veces en un glúteo y por si este andara dormido me he abofeteado varias veces hasta que me he dicho "Basta" y mi mano, la del lazo rojo, ha parado.
Me tumbo en la cama, me doy de cabezazos contra la pared para comprobar que estoy despierta, y saco la nota del espacio del suelo, donde el cromo de Dirk Benedict.
Dirk habría sido un buen partido, de habernos conocido.Aunque quien sabe...quizás lo haya conocido en alguna fiesta y le haya ignorado.
Respiro fuerte 3 veces y abro la nota que me dio el niño en África, el que no fue atrapado por los grimosos tentáculos de Madonna.
Me tiembla el pulso, el corazón se me ha quedado en la garganta y temo sufrir de asfixia de un momento a otro.
Mi abuela se me aparece en forma de tarro de conservas y me dice " De los cobardes nunca se supo nada, por qué los valientes no estaban allí para contarlo ".
Solo con los consejos de mi abuela podría sacarme una carrera...pero ese es otro tema que meditaré en soledad en otro momento. Ahora toca desplegar la nota...
" ¿Quién es la niña? "
Movimiento robótico involuntario de mis ojos que se posan en la muñeca contraria a la del cordel rojo y...
un cordel blanco con triple lazada.
domingo, 9 de agosto de 2009
¿Leíste la nota?.
La niña no está.
La niña ha desaparecido.
El elefante me tira al suelo.Sus colmillos son de marfil, no hay rosas sin espinas, ni siquiera con.
Me mira con incredulidad y marcha.
El interior de un pajar, no como el que de casa de mi abuela pero si extrañamente familiar.
La niña juega con dos cordeles, rojo y blanco, cerca de unas ruedas de carro.
Me mira y sonríe, creo devolverle la sonrisa y me siento a su lado. Su cara...me es muy familiar pero no decido quien puede ser.
Me acerca uno de los cordeles, el rojo, y me hace acariciarlo primero y besarlo después.
Acerca sus manitas y finalmente hace lo ata en mi muñeca con una doble lazada.
Ella hace lo mismo con el blanco, lo acaricia ,lo besa y me lo da para que se lo ate alrededor de su minúscula muñeca, por lo que la doble lazada se vuelve triple.
Estamos en silencio, juega a hacer agujeros en la tierra con un palo de repente, se detiene me mira y me anima a hacer lo mismo ( su forma de actuar se asemeja a las del hombre delgado como una hoja de afeitar cuando me invitaba a reír sin miedo ).
Cojo, pues, un palo y perforo la tierra, dura al principio que conforme va profundizando va volviéndose más blanda.
La niña me mira de reojo y me sonríe, parece contenta con mi trabajo. Siento la quietud,la misma que cuando estoy cerca de Lanórdica, la misma paz que cuando tomaba,consciente, el cuenco de sopa.
Sigo, afanosamente,"cavando la fosa" cuando un ruido de fuera alerta a la niña que me empuja sobre el montón de paja con tal suerte que me clavo la aguja. Mis doscientos sentidos alerta mandan la señal de grito, justo cuando este se encuentra en la catedral de mi boca una mano me la cierra. Está justo detrás de mi,siento su aliento en mi oreja y no puedo girarme y ver quien es.
La niña habla con un adulto al que no veo. Me arranco la aguja de la espalda y lentamente dejo que el dolor se evapore respirando con fuerza. La niña se aleja del adulto y va hacia una de las esquinas del establo.
Quien me tiene agarrada me suelta lo justo para darme la vuelta y ver que soy yo con un gesto del índice en la boca, me mando callar y me desaparezco entre la paja.
La niña se me acerca con una botella de vodka y una tela. Me mete la tela en la boca a la vez que echa el vodka sobre el lugar donde me clavé la aguja.
Me guiña un ojo.
- "¿Leíste la nota?".
Me despierto de golpe en la cama.Mi reflejo en el espejo, mi sombra en la pared me mando callar.
Me levanto de un salto.La niña me mira desde una esquina de la habitación señalándome la nota en el suelo.
Me caigo de la silla, y el cuenco de sopa conmigo, rueda por el suelo hasta quedar a la altura de mi brazo estirado y en su extremo un cordel rojo atado a mi muñeca, doble lazada.
La niña ha desaparecido.
El elefante me tira al suelo.Sus colmillos son de marfil, no hay rosas sin espinas, ni siquiera con.
Me mira con incredulidad y marcha.
El interior de un pajar, no como el que de casa de mi abuela pero si extrañamente familiar.
La niña juega con dos cordeles, rojo y blanco, cerca de unas ruedas de carro.
Me mira y sonríe, creo devolverle la sonrisa y me siento a su lado. Su cara...me es muy familiar pero no decido quien puede ser.
Me acerca uno de los cordeles, el rojo, y me hace acariciarlo primero y besarlo después.
Acerca sus manitas y finalmente hace lo ata en mi muñeca con una doble lazada.
Ella hace lo mismo con el blanco, lo acaricia ,lo besa y me lo da para que se lo ate alrededor de su minúscula muñeca, por lo que la doble lazada se vuelve triple.
Estamos en silencio, juega a hacer agujeros en la tierra con un palo de repente, se detiene me mira y me anima a hacer lo mismo ( su forma de actuar se asemeja a las del hombre delgado como una hoja de afeitar cuando me invitaba a reír sin miedo ).
Cojo, pues, un palo y perforo la tierra, dura al principio que conforme va profundizando va volviéndose más blanda.
La niña me mira de reojo y me sonríe, parece contenta con mi trabajo. Siento la quietud,la misma que cuando estoy cerca de Lanórdica, la misma paz que cuando tomaba,consciente, el cuenco de sopa.
Sigo, afanosamente,"cavando la fosa" cuando un ruido de fuera alerta a la niña que me empuja sobre el montón de paja con tal suerte que me clavo la aguja. Mis doscientos sentidos alerta mandan la señal de grito, justo cuando este se encuentra en la catedral de mi boca una mano me la cierra. Está justo detrás de mi,siento su aliento en mi oreja y no puedo girarme y ver quien es.
La niña habla con un adulto al que no veo. Me arranco la aguja de la espalda y lentamente dejo que el dolor se evapore respirando con fuerza. La niña se aleja del adulto y va hacia una de las esquinas del establo.
Quien me tiene agarrada me suelta lo justo para darme la vuelta y ver que soy yo con un gesto del índice en la boca, me mando callar y me desaparezco entre la paja.
La niña se me acerca con una botella de vodka y una tela. Me mete la tela en la boca a la vez que echa el vodka sobre el lugar donde me clavé la aguja.
Me guiña un ojo.
- "¿Leíste la nota?".
Me despierto de golpe en la cama.Mi reflejo en el espejo, mi sombra en la pared me mando callar.
Me levanto de un salto.La niña me mira desde una esquina de la habitación señalándome la nota en el suelo.
Me caigo de la silla, y el cuenco de sopa conmigo, rueda por el suelo hasta quedar a la altura de mi brazo estirado y en su extremo un cordel rojo atado a mi muñeca, doble lazada.
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en la tierra de la no conciencia
miércoles, 5 de agosto de 2009
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la nota cae de mis manos al suelo
71
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69
68
67
66
65
64
63
62
61
60
59
58
57
56
55
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51
50
49
48
47
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la niña aparece distorsionada con bandas en negro alrededor
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41
40
39
38
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el elefante me sube a lomos y volamos
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06
05 la edad de la niña, ya estoy dentro.
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lunes, 3 de agosto de 2009
Pausa.
Despierto.
A trompicones llego a la puerta, estoy empapada en sudor frío, tengo temblores y quizás hasta fiebre. Pego la oreja y todo es silencio.
Abro la puerta sigilosamente bajo las escaleras procurando que ningún peldaño me delate.
En la mesa de la cocina hay un cuenco con caldo de sopa que ha sido servido hace poco pues aún desprende calor y una jarra de zumo recién exprimido, en el ambiente aún hay olor a naranjas desgajagadas.
A tientas me siento y mantengo los ojos cerrados, la cabeza me va a explotar. La luz que otras veces me ha reconfortado ahora me ciega y no en un buen sentido.
Con el sentido de la vista negado, dejo que los restantes me guíen en el proceso de la alimentación.
El tacto me indica que el caldo quema, el olfato hace que mis papilas gustativas segreguen toda suerte de fluidos, mi oído deja que una paz momentanea me acaricie al no alertarme. El sexto sentido me pide a gritos volver a la cama a acabar lo que el sobresalto del pánico consciente ha dejado a medias.
Un ratito, solo un ratito...un momento de calma , un aquí y ahora real. No más cruces de puertas de hoteles a países y momentos fuera de explicación ,no más pesadillas en las que no puedo más que ver sin actuar, mera espectadora.
Pido que el tío-vivo frene, que la montaña rusa deje sus subidas y bajadas para cuando mis defensas estén a punto.
Pido que el torbellino de pensamientos que atraviesan las ramificaciones de mis neuronas se detengan un momento, un instante, un segundo en el que el blanco que me ciega por el reflejo de un sol radiante en las paredes de madera pintadas del mismo color se adentre en mi pensamiento y poder no pertenecer ni al ayer ni al mañana solo al hoy y que ese hoy sea como este tazón de caldo, caliente, reconfortante y suave.
Ya.Recargado mi cuerpo con líquidos por los que perdí durante la noche.
Vuelvo a donde no quiero pero debo, hay una niña a la que sacar de un mal final.
Apoyada en la pared subo las escaleras a tientas, una astilla se me clava en la mano apenas llego al último escalón enfrente de la puerta de mi cuarto, de mi jaula.
En esa décima de segundo acierto a ver el papel doblado que el niño me dio antes de cruzar la puerta giratoria de África.
Lo cojo y caigo cual bella durmiente en una suerte de sueño profundo e inmediato. La puerta de la habitación se cierra sola tras de mi.
Profundidades del inconsciente soy toda vuestra.
A trompicones llego a la puerta, estoy empapada en sudor frío, tengo temblores y quizás hasta fiebre. Pego la oreja y todo es silencio.
Abro la puerta sigilosamente bajo las escaleras procurando que ningún peldaño me delate.
En la mesa de la cocina hay un cuenco con caldo de sopa que ha sido servido hace poco pues aún desprende calor y una jarra de zumo recién exprimido, en el ambiente aún hay olor a naranjas desgajagadas.
A tientas me siento y mantengo los ojos cerrados, la cabeza me va a explotar. La luz que otras veces me ha reconfortado ahora me ciega y no en un buen sentido.
Con el sentido de la vista negado, dejo que los restantes me guíen en el proceso de la alimentación.
El tacto me indica que el caldo quema, el olfato hace que mis papilas gustativas segreguen toda suerte de fluidos, mi oído deja que una paz momentanea me acaricie al no alertarme. El sexto sentido me pide a gritos volver a la cama a acabar lo que el sobresalto del pánico consciente ha dejado a medias.
Un ratito, solo un ratito...un momento de calma , un aquí y ahora real. No más cruces de puertas de hoteles a países y momentos fuera de explicación ,no más pesadillas en las que no puedo más que ver sin actuar, mera espectadora.
Pido que el tío-vivo frene, que la montaña rusa deje sus subidas y bajadas para cuando mis defensas estén a punto.
Pido que el torbellino de pensamientos que atraviesan las ramificaciones de mis neuronas se detengan un momento, un instante, un segundo en el que el blanco que me ciega por el reflejo de un sol radiante en las paredes de madera pintadas del mismo color se adentre en mi pensamiento y poder no pertenecer ni al ayer ni al mañana solo al hoy y que ese hoy sea como este tazón de caldo, caliente, reconfortante y suave.
Ya.Recargado mi cuerpo con líquidos por los que perdí durante la noche.
Vuelvo a donde no quiero pero debo, hay una niña a la que sacar de un mal final.
Apoyada en la pared subo las escaleras a tientas, una astilla se me clava en la mano apenas llego al último escalón enfrente de la puerta de mi cuarto, de mi jaula.
En esa décima de segundo acierto a ver el papel doblado que el niño me dio antes de cruzar la puerta giratoria de África.
Lo cojo y caigo cual bella durmiente en una suerte de sueño profundo e inmediato. La puerta de la habitación se cierra sola tras de mi.
Profundidades del inconsciente soy toda vuestra.
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