domingo, 9 de agosto de 2009

¿Leíste la nota?.

La niña no está.
La niña ha desaparecido.
El elefante me tira al suelo.Sus colmillos son de marfil, no hay rosas sin espinas, ni siquiera con.
Me mira con incredulidad y marcha.

El interior de un pajar, no como el que de casa de mi abuela pero si extrañamente familiar.
La niña juega con dos cordeles, rojo y blanco, cerca de unas ruedas de carro.
Me mira y sonríe, creo devolverle la sonrisa y me siento a su lado. Su cara...me es muy familiar pero no decido quien puede ser.
Me acerca uno de los cordeles, el rojo, y me hace acariciarlo primero y besarlo después.
Acerca sus manitas y finalmente hace lo ata en mi muñeca con una doble lazada.
Ella hace lo mismo con el blanco, lo acaricia ,lo besa y me lo da para que se lo ate alrededor de su minúscula muñeca, por lo que la doble lazada se vuelve triple.

Estamos en silencio, juega a hacer agujeros en la tierra con un palo de repente, se detiene me mira y me anima a hacer lo mismo ( su forma de actuar se asemeja a las del hombre delgado como una hoja de afeitar cuando me invitaba a reír sin miedo ).
Cojo, pues, un palo y perforo la tierra, dura al principio que conforme va profundizando va volviéndose más blanda.
La niña me mira de reojo y me sonríe, parece contenta con mi trabajo. Siento la quietud,la misma que cuando estoy cerca de Lanórdica, la misma paz que cuando tomaba,consciente, el cuenco de sopa.

Sigo, afanosamente,"cavando la fosa" cuando un ruido de fuera alerta a la niña que me empuja sobre el montón de paja con tal suerte que me clavo la aguja. Mis doscientos sentidos alerta mandan la señal de grito, justo cuando este se encuentra en la catedral de mi boca una mano me la cierra. Está justo detrás de mi,siento su aliento en mi oreja y no puedo girarme y ver quien es.
La niña habla con un adulto al que no veo. Me arranco la aguja de la espalda y lentamente dejo que el dolor se evapore respirando con fuerza. La niña se aleja del adulto y va hacia una de las esquinas del establo.
Quien me tiene agarrada me suelta lo justo para darme la vuelta y ver que soy yo con un gesto del índice en la boca, me mando callar y me desaparezco entre la paja.

La niña se me acerca con una botella de vodka y una tela. Me mete la tela en la boca a la vez que echa el vodka sobre el lugar donde me clavé la aguja.

Me guiña un ojo.

- "¿Leíste la nota?".


Me despierto de golpe en la cama.Mi reflejo en el espejo, mi sombra en la pared me mando callar.

Me levanto de un salto.La niña me mira desde una esquina de la habitación señalándome la nota en el suelo.

Me caigo de la silla, y el cuenco de sopa conmigo, rueda por el suelo hasta quedar a la altura de mi brazo estirado y en su extremo un cordel rojo atado a mi muñeca, doble lazada.

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