Atravieso la puerta...
Eco, eco metálico de voces.¡¿Quién me habla desde dentro de una lata de guisantes, quién?!. Un ojo, otro ojo...y la habitación blanca. Me digo a mi misma que no pierda la calma y sobre todo " No estoy dentro de una película de David Lynch".
Recuerdo el plato de lentejas, y mis "Memorias de Asia", la música del gramófono , voces... y siempre esta habitación blanca que parece sacada de un anuncio de lejía de Titanlux grabado en el Congo Belga. Madera reforzada de 2 capas y 3 manos de pintura, ventanales que dejan ver lo frondoso de un bosque y nada más. Imagino que desde fuera el contraste del verde de los árboles, el gris del día nublado y el blanco de la casa debe dar un gran juego. Espero ansiosa pues a que salga el sol.
Ya estoy otra vez de pie junto a la puerta pegando la oreja. Puerta cerrada, están en casa. Espero a que se marchen o lo que se que hagan para bajar a por mi plato de lentejas. Cuento los pasos que hay de un extremo al otro de la habitación.De la puerta a la ventana hay 15 pasos y de una pared a la otra puerta,17. No me puedo quejar de "la jaula de oro blanco" en la que me encuentro, es espaciosa.
Me siento bien.Quizás eso de la "colorterapia" funcione.
Me gusta andar descalza y sentir los desniveles o malformaciones que el tiempo ha hecho en el parqué. Unas sueltas, otras abiertas, otras parecen veteadas, pero todas bien uniformadas y cubiertas de un barniz que puedes ver tu reflejo.Mis mechas...¡Ays estas mechas horteras!. No uso desde que me las aconsejó Warhol. La última vez que lo vi fue en una mini escapada que hicimos de noche al parque de Unión Square, a verle los paquetes a los bailarines de Breakdance que había allí. Andy andaba pintando el retrato de Miguel Bosé para la portada del "Made in Spain", casi nada. Que recuerdos los plásticos 80, con los cardados desafiando la gravedad y contaminando todo a su paso con los 2 botes de laca por raíz cuadrada, esas hombreras fruto de la relación entre un uniforme de rugby y el hombre de hojalata, las corbatas de palo con diseño de teclado Casio, los pantalones bombachos...¡Qué malas fueron las drogas de los 70!.
Me cargo en una de los tabiques de madera y me deslizo bruscamente contra el suelo, de tal forma que con el dedo anular del pie golpeo una de las láminas de parqué sacándola de su sitio, y haciéndome sangre.
Me apoyo en la pared y me quedo ensimismada con el fuerte contraste del rojo turbio de la sangre con el blanco invisible de la madera.
Pienso en Japón, en su bandera, en el maquillaje de una Geisha, en sirope de fresa sobre helado de nata.Cuando logro salir de mi ensimismamiento , que podrían haber pasado días tranquilamente, descubro que ya no hay eco metálico, no hay voces, han salido. Hora de comer. Me incorporo y ¡Ay!,en el hueco abierto que ha dejado la veta hay algo. Meto la mano y cierro los ojos por si me muerde que al menos no tenga que verle la cara. No muerde, es objeto de papel, de cartón,pequeño...abro los ojos y...¡Mierda!, debería haberlos mantenido cerrados.
¡¡¡¡El cromo de Dirk Benedict!!!!.
Lo dejo caer al suelo y se planta sobre mi el pie ensangrentado, tengo que bajar a por algo para vendarlo. Lentamente voy hacia la puerta mientras como un mantra interno me repito " No estoy en una película de David Lynch, no estoy en una película de David Lynch, no estoy en una película de David Lynch".
viernes, 15 de mayo de 2009
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