Maguila es de apariencia ruda,tosca, bruta. De primeras te haces una imagen de alguien parecido a un trozo de metal abandonado al sol, oxidado por los años. Alguien con quien no tomarías té y menos aún te sentarías a charlar. Por suerte, o desgracia, esta última parte no es necesaria ya que Maguila no habla.
Maguila impone, y no por sus dos metros verticales ni por su metro y medio horizontal si no por su mirada directa, fija, penetrante, dá la sensación de que cuando te mira está viendo lo profundo de tu alma y leyendo lo oscuro de tus pensamientos,por que no nos llevemos a engaños cuando sentimos que alguién mira dentro de nosotros nunca pensamos en que verá que ayudamos a las viejecitas a cruzar la calle o que no tiramos papeles al suelo, siempre tememos que adivinen nuestras fantasías sexuales más sucias, nuestros pensamientos de odio hacia ese vecino o los deseos de dominar el mundo y mandar a la recogida de la uva a la clase alta ( ¡ay! mi segundo abuelo y sus ideas revolucionarias, rojas y sociales que daño a hecho a mi parte pija ).
Maguila impone en su silencio un respeto que de hablar no sé si sería tanto.
Dá la sensación de estar pero no de existir. Su presencia se hace notar por el volumen que es imposible de obviar, pero su existencia , si no fuera por sus dibujos, desaparecería en la incomunicación hablada que practicamos los demás.
Maguila no dibuja ni bien ni mal, se expresa. Un garabato en la sección de contactos del periodico local es claro y conciso en su necesidad o pensamiento. Sin adornos poéticos ni abalorios rocambolescos que desvíen la atención del mensaje para deleitar el paisaje.
Si lloras te dibuja un pañuelo en una servilleta, si tienes hambre te regala un bocadillo coloreado en una de las caras de esa caja abandonada en la calle.El mapa a la casa del barrio de los que van de lado, no lo llegue a apreciar entonces por acabar hecho bolitas. El dibujo de las carcajadas en la casa de la mesa de metacrilato eran eco del brillo de su mirada, honesta, sincera, limpia.
Quizás sea eso lo que puede dar miedo de Maguila, su genuina ingenuidad,la mirada de un niño.
Maguila no tiene edad, Maguila tiene presente y su presente tiene más consistencia que mi pasado.
Nunca he sido muy buena para poder apreciar las pinturas que mi abuela me mostraba de alguno de sus salones o de los libros que hacía traer de otros paises.Los reposaba en mis rodillas, dejando marcas de los dibujos de la cubierta en mi piel cuando golpeaba sus páginas para que prestara atención. Alguén una vez me tachó de sacrílega por no apreciar a Miró y si a Ibáñez.
A Maguila un día le rompieron el corazón, tenía entonces 9 años, la chica le daba explicaciones de su no correspondido amor y esas palabras se iban transformando en afiladas razones incomprensibles a su fragil corazón. Maguila, entonces, se quedó sin palabras,no pudo decir nada pues sus palabras no saldrían de sitio alguno ya que se había quedado sin sentir, se lo había arrebatado él mismo de un mordisco pues el quemazón que producía el rechazo era demasiado grande. Había regalado sus sueños, sus despertares,sus palabras a una niña caprichosa que las había usado y abusado a placer. Maguila dejó de hablar y se dedicó a oir.Se apartó de la vida como parte activa, dejando ésta a los demás seres con suerte y el se dedicó a contemplarla en su parte más pasiva. El mundo desde la pecera en la que se había encerrado.
Para que te rompan el corazón has de estar enamorado, Maguila había sentido algo que mucha gente nunca sentirá, no por tener no oportunidades si no por su incapacidad para sentir,punto.
miércoles, 29 de abril de 2009
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