No me reconozco en este estado. Me diría estar bajo los efectos de cualquier barbitúrico si no fuera por qué salvo por la carne limpia de avestruz,que creí mía,no he consumido nada.
Todo, esta quietud, este parecer no existir, solo lo he sentido una vez antes,cuando conocí a lalarga,o lanórdica, en Cádiz.
Ya me la había cruzado antes en otros lugares comunes. Nos cruzábamos, nos mirábamos, nos estudiábamos y a veces hasta nos sonreíamos.
Siempre, lo que durara nuestro encuentro casual, ¿casual?,una sensación de que todo se detenía, unos instantes de calma parecida a la tregua en el campo de batalla, me poseía.
Esa sensación que sentía entonces, cada vez, la siento ahora.
Tumbada en la arena, cierro los ojos y traigo a mi proyector de la memoría los cientos de bobinas de cine para visionar, en sesión continua, en las dimensiones de mi mente en blanco,su esencia.
Así era ..., digo era por que no sé si seguirá siendo. Después de los acontecimientos de Cádiz no he vuelto a saber de ella.
Siempre que un instante de paz me amenaza, viene a mi recuerdo.
Siempre he creido que estaba dónde fuera que yo estuviese.
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