Los recuerdos de mi abuela muerta,la que viví, la otra ya lo estaba cuando nací.Apenas la menciono de la misma forma que mi madre, su hija, no lo mencionaba. Creo que fue un poco hija de Rasputín.A mi madre le pilló la maternidad por sorpresa, una fría mañana de invierno, y se desenvolvió lo mejor que sabía.
Mientras todos estos pensamientos, recuerdos, creaciones se van desvaneciendo por los conductos de aire del avión, la realidad me da un golpe directo.
A través de la ventana veo como abajo, a millones de kilómetros de donde floto, Dios corre marcando las huellas de sus pies desnudos sobre la agrietada tierra seca que las recibe. ¿ Desde cuando Dios deja huellas de lo que hace? Le creía más sutil, de ahí los milagros.Pero no solo eso, el muy bandido lo hace en dirección al Hotel, que gira sus puertas una vez para luego detenerlas en seco y volverse transparente.
Tengo que volver...tengo que volver...tengo que volver. Por favor David Lynch que estás en las oscuridades de la psique humana ayudame...te pido ayuda a ti, por que mis dudas existenciales sobre Dios creo que acaban de darse por resueltas.
Cierro los ojos con fuerza, aprieto mi cuerpo con fuerza, pero con cuidado no sea que del esfuerzo me vaya por donde no debo, como pasó en Asia.
Poco a poco, siento como la presión del avión se desmaterializa y el aire me golpea violentamente en la cara. Levanto ligeramente el párpado izquierdo y solo veo aire en forma de algo invisible que me seca el lagrimal y amenaza con pelarme entera.
Caigo en picado sin paracaídas,no me asusto por qué de llevarlo conmigo tampoco sabría que hacer con él, seguramente lo usaría como colchón para caer sobre en blando.
No rezo, por que ya no creo en un Dios traidor, que no solo me ha intimidado con sus manipulaciones mentales sobradas por conocer mis oscuros pensamientos si no que, ganándose mi confianza ha tomado mi oportunidad de abandonar este infierno, abandonándome a mi suerte.
Pienso, entonces, en la cabra que teníamos en la casa del campo. Mi abuela la llamó Sasha por el segundo marido que tuvo, Sasha era un caradura simpático que cobraba por sus halagos para luego dejarte en la cuneta cuando descubría caza mayor. El matrimonio duró una semana, lo que Sasha tardó en abandonar a las liebres para ir tras gacelas.
Mi abuela no le lloró, apenas le dio tiempo siquiera a conocerlo o intimar o sentir algo más que un picor por debajo del ombligo.
Así que para recordarle, puso su nombre a una cabra. Sasha, la cabra, era muy simpática y cegata, chupaba cualquier cosa que le parecieran ubres, así que era normal despertarte con su morro cerca de tu cabeza y a poco que te despistabas empezaba a chuparte una oreja o un dedo, o como hiciera calor y anduvieras desnuda...una teta. Mi abuela despertó así alguna vez y la sacaba de la cama a patadas mientras le gritaba en ruso " No, si hasta como cabra no me dejarás las tetas en paz" y es que Sasha, su segundo marido, tenía una fijación por las tetas exagerada. Mi abuela dice que una noche de borrachera, estaba tan borracho que se fue a la cama con uno del pueblo que tenía la manía de vestirse de mujer. Cuando los encontraron, Sasha estaba chupando una saca de harina que a buenas se había puesto el travestido.
Sasha, la cabra, dormía mucho, una vez contamos 48 horas del tirón, la creímos muerta y cuando mi tia iba a degollarla despertó derepente y se le abalanzó sobre los pechos.
Era una cabra pero mi mejor amiga en esa rara etapa entre los 5 y los 9 años. De ella me acuerdo ahora. Ahora que voy hacia una muerte segura, una vez más.
Sasha murió por sonámbula, una noche caminaba sola por los alrededores del pueblo y, se cree, que debió ver una superteta ( semejante a las que aparecían en aquel episodio de "Todo lo que quiso saber sobre el sexo y nunca se atrevió a preguntar" ) y la superteta le llevó a un lago y la cabra se tiró a por ella creyendo, como yo si llevara paracaídas, que caería sobre algo blando, gigante y suave.
Mi abuela cuando la encontró al día siguiente la dejo al sol varios días para que su pelaje se secara y luego la disecó, no era amiga de estos rituales pero...puesto que le recordaba a Sasha y, aunque muy cabrón,le quiso de alguna forma posible.
Pienso en Sasha, la cabra, y en que la voy a ver en breve.
Quietud.
Silencio.
Todo se ha detenido.
Muevo ligeramente un párpado, el derecho esta vez, para ver que acontece ahora fuera de mis recuerdos...
Estoy tumbada bajo el árbol, el Boeing 747 ha desaparecido dejando una insignificante estela blanca detrás de si.
Dios no está, sus huellas en la tierra hacia en dirección al Hotel, que permanece rodeado de una nube de polvo. En mi pecho un cuaderno de canutillo tamaño folio al que apenas le quedan hojas, pero si los restos de las que fueron arrancadas permanecen fuertes alrededor del alambre en forma de escalera de caracol.
Abro el cuaderno y leo.
domingo, 28 de junio de 2009
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