Lalarga también era conocida como Lanórdica. Metro ochenta y cinco, delgada, melena rubia, ojos azul marino, lo que se dice una sueca de pro de no ser por qué era de un pueblo de La Mancha,de cuyo nombre no podía acordarse.
La genética o los riegos por aspersión a veces juegan estas pasadas.
La primera vez que la vi fue en Gotemburgo en una de las cafeterías de madera y ladrillo del distrito de Haga.
Estaba sentada de espaldas a uno de los grandes ventanales, para así aprovechar al máximo las horas de luz y poder acabar "la bufanda de ganchillo más larga del mundo" con la que tenía pensado entrar en el libro Guinness, cuando una luz azulada cubrió el lugar.
No veía nada, pensé entonces en la ceguera blanca de Saramago y que ésta era obra de papa pitufo pero no,conforme los ojos se fueron acostumbrando a la intensidad distinguí una figura, al principio creí que era una farola, por lo sin límite y escasa, pero enseguida percibí que era un ser humano por qué se movía.No caminaba, se deslizaba. Una zancada de sus piernas de gacela y ya estaba sentada en el extremo opuesto a la puerta de la barra.Nunca usaba el transporte público, total para qué si con un par de zancadas llegaba a cualquier sitio.
Más de una persona le había ofrecido grandes cantidades de dinero por que la llevara a hombros a su destino, ahorrándose así las tasas,los agobios de los aeropuertos y retrasos, pero ella se había negado, su intención no era la de entrar en el libro Guinnes.
Lanórdica imponía por su aspecto, a veces ambiguo, y su manejo y uso del lenguaje.Se adaptaba a cualquier situación pero en el momento en que su noveno sentido,si, nueve, se activaba sabía que no era bien recibida y marchaba bajo excusa barata.
Solía tener problemas con los hombres, debían proyectar en ella sus peores pesadillas sobre las mujeres y al ser tan grande la veían como un "ser" al que derrotar en su afirmación masculina. Eso y la indiferencia que ella mostraba hacía los cortejos de pavo real de algunos, les mataba por dentro.
Pero no con todos era igual, el tipo de hombre despreocupado y que lo mismo le daba arriba que abajo mientras cada uno estuviera en su casa la entendía y admiraba. No la veía como una amenaza si no como un ser casi mitológico qué ,aún con nueve sentidos, no solía hacer caso a cuatro de ellos y acababa metida en líos.
Su actitud era tomada como arrogancia por algun@s,pero no era esta si no timidez la emoción que la invadía la mayor parte del tiempo.
Lalarga siempre decía: ¿Cómo puedo pasar desapercibida si la altura y la forma de andar que se me han dado no me dejan?
Entendí enseguida que lo que envidian unos pueden ser problemas para otros.
Por como hablo de ella podría entenderse que estaba enamorada de ella y, en cierto modo, lo estaba. No sé cuanto era admiración y cuanto deseo. Cuanto era atracción y cuanto sensaciones. Cuanto era amistad y cuanto sexo.Pero me gustaba como me sentía a su lado, algo parecido a Maguila pero mas profundo. ¿ Tendría que ver la altura con ello ?, ¿ Qué por más altos más cerca del cielo estaban y desde allí se pueden tocar las nubes ?,¿ Qué en las nubes era dónde mi abuela, la que no sabía hacer un par de huevos fritos, decía que yo anidaba como un gorrión?...quizás de ahí mi fascinación con la gente alta.
Por altura,yo andaría en la media internacional, en Rusía ya no hay media hay calceta remendada.
Sentada en la barra del café del distrito de Haga, Lalarga me miró y me sonrió y el aparecer en el libro Guinness de los records dejó de importarme.
miércoles, 17 de junio de 2009
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